Vale que un jugador de repente se descuelgue con una actuación en la que meta unas buenas decenas de puntos. Vale que eso lo pueda hace durante un par de semanas seguidas y alzar en titulares su racha personal. Y vale que dichos rendimientos sobresalientes puedan verse en jugadores que llevan años en la liga y han matado ya al monstruo del final del videojuego. Pero cuando todas estas circunstancias las disfrutas de golpe, continuadas en el tiempo y, encima, en un chaval que apenas lleva dos años en la liga y que no tiene ni edad legal aún para beber alcohol en Estados Unidos, el tema cambia y mucho.

Luka Doncic, en otra noche de esas en las que hace lo que quiere con sus rivales, fulminó a los Suns con 42 puntos y empató la mejor anotación de su cortísima carrera en la NBA. El 113-120 con el que finalizó el marcador es una traslación de lo que Doncic eligió que sucediera. Volvió a demostrar un control total del juego de su equipo, forzó las faltas que estimó, hizo los lanzamientos que mejores opciones tenían y, además, supo ver cuándo sus compañeros estaban solos para tirar.

“Los grandes jugadores tienen poca memoria para disputar los partidos más difíciles. Ellos siguen hacia delante. Siempre están pensando en el próximo desafío. Hoy, Luka ha estado espectacular de principio a fin”, relató su entrenador, Rick Carlisle. Se quedó a nada del triple-doble, porque a esa ingente cantidad de puntos hay que sumarle 11 asistencias y 9 rebotes. Tim Hardaway Jr. añadió 26 tantos.

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