En los días posteriores al tiroteo en El Paso, cuando los homenajes a las 22 víctimas mortales se extendían por la ciudad fronteriza, un hombre que lloraba desconsolado llamó especialmente la atención de algunos vecinos y periodistas.

Arrodillado frente a una cruz blanca con el nombre de Margie Reckard, Antonio Basco no podía creer que un hombre armado que manejó durante horas hasta el Walmart Cielo Vista con el objetivo de «matar mexicanos» hubiera acabado con la vida de la que fue su esposa por 22 años: «Me siento perdido. Soy como un cachorro que ha perdido a su mamá», le confesó el hombre entonces a la agencia Reuters.

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