Los pericos se alborotan cuando Félix (nombre ficticio para proteger su identidad) acerca el teléfono a la jaula y escuchan la voz de Crescencia, que llama desde el centro de migración de Louisiana adonde los agentes de ICE se la llevaron detenida hace una semana exacta. Solo así cantan, dice Félix. Da igual que ella esté contando que el frío en las celdas no la deja dormir, que le obligan a bañarse desnuda frente a las demás detenidas o que llore porque no sabe cómo ni cuándo la dejarán salir de allí. Los pájaros la oyen y cantan.

A Félix en cambio apenas le silban por las mañanas, cuando regresa a casa solo y hediondo a plumas después de trabajar toda la noche en Koch Foods, la procesadora de pollos más grande del pequeño pueblo de Morton, allanada por Migración el miércoles de la semana pasada.

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