Durante años el poder Judicial de Brasil fue reconocido por su independencia. En 2015 se llevó todos los aplausos por desarrollar la mayor investigación por corrupción en la historia del país: Lava-Jato, una operación que metió a la cárcel a empresarios y políticos, antes intocables. Producto de esa independencia, la justicia brasileña condenó al expresidente Luiz Inácio Lula a una pena de 8 años y 10 meses de cárcel como presunto beneficiario de un apartamento cedido por una constructora en São Paulo, a cambio de contratos en Petrobras.

El rostro de esa lucha imparcial e implacable fue Sergio Moro, un juez educado en Harvard y curtido en varios procesos de lavado de dinero, que saltó a la fama con la lucha anticorrupción. En apenas dos años, Moro dictó 188 órdenes de detención contra empresarios y políticos, de los cuales 123 ya fueron condenados. Moro se convirtió en el primer juez en encarcelar a un expresidente y en el símbolo de la lucha contra la corrupción en Brasil.

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