Lleva nueve meses como presidente de Ecuador y ni un día de sosiego. El último asalto en el Gobierno de Lenín Moreno llega a través de una grabación comprometedora que la semana pasada llevó a la destitución del presidente de la Asamblea Nacional y dejó al fiscal general con una herida profunda de credibilidad. Es un golpe contundente a la institucionalidad del país que ya arrastraba crisis de partido, depuraciones de aliados, denuncias de conspiración y graves problemas económicos desde las elecciones de mayo de 2017. La primera oportunidad de enderezar el rumbo llega este miércoles con la designación de un nuevo presidente del Parlamento.

La fragmentación en la Asamblea pasa factura ahora que toca nombrar a un nuevo presidente sin que ningún bloque tenga mayoría suficiente. A la división en Alianza PAIS -entre los seguidores del líder histórico Rafael Correa y su sucesor-, se añaden las exigencias de los bloques opositores antes de brindar su apoyo en la votación de este miércoles. Quieren que la renovación vaya acompañada de una nueva agenda y de la formación de las comisiones parlamentarias.

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